sábado, 3 de mayo de 2008

Bola al centro, otra vez

Gran cantidad de goles nos han metido los industriales y los comerciantes en los últimos años.

Para muestra un botón: antes uno salía con su botella de vidrio a comprar la Coca-cola dominical o la de todos los días, según la intensidad del vicio. A cambio del envase y unas cuantas monedas le daban una nueva ración del preciado líquido, oro negro para unos, aguas negras del impreialismo yanqui para otros. Y los de la embotelladora gastaban un poquito de sus increíbles ganancias en recoger los envases y lavarlos para ponerlos a circular nuevamente. Ahora te venden una botella desechable, con el cuento de que te dan más por menos dinero, y de que no hay que preocuparse por acarrear el envase de vuelta: se bota en cualquier parte cuando se termina el líquido.

¡ GOL ! ¡ Golazo ! Los que ahorran son ellos, que ya no tienen que manipular ni lavar envases. La botella de plástico no te la regalan, te la venden, su costo va incluido en el precio. Y luego, el problema de qué hacer con ella. Cuando el consumo es masivo la casa, el campo o la playa quedan inundados de envases indestructibles, y nadie sabe qué hacer con ellos. Antes se los regalábamos a los pobres, para que guardaran agua o cualquier otra cosa. Ahora ya no los quieren, tienen demasiados, ellos mismos no encuentran qué hacer para no sucumbir entre las montañas de desperdicios plásticos. Tendrían que encontrar otros pobres más pobres...

Antes uno guardaba en un rinconcito del patio los envases necesarios: una docena de cocas de un litro, una caja de cocas "normales", seis envases de agua mineral, y pare de contar. Las mismas botelles iban y venían durante años, y cuando se necesitaban más se le pedían al vecino o se dejaba depósito en la abarrotería. Ahora el mar de plástico, no sólo de refrescos embotellados sino de miles y miles de artículos "desechables", que incluyen jeringas, bolsas de suero, pañales, peines, envases de aceite, betún, vinagre, leche, agua, etc., amenaza con ahogarnos.

Y no es cuento. Han descubierto una "mancha de plástico" flotando en el pacífico, más o menos en la región que va de Estados Unidos a Japón, pasando por Hawai. Tiene como dos veces el área de Estados Unidos y unos 30 m de profundidad, y sigue creciendo. Una monstruosidad de residuos más o menos degradados, a su lado los famosos derrames de petróleo como el de Exxon Valdés son manchitas insignificantes. Y seguimos echando basura al mar, con la esperanza de que Poseidón y sus sirenas de alguna manera hagan la limpieza y eliminen todas las cochinadas que día a día salen de nuestras casas y van a parar a la panza de los delfines o al buche de las tortugas, incluyendo los envases de coca y la infinidad de bolsitas y envolturas que traemos del súper.

Y ahora ¿quién podrá socorrernos? Estamos topando de cabeza, como esas moscas que se dan una y otra vez contra el vidrio de la ventana, con un hecho elemental: "la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma". Lo hemos repetido durante años como loros, los niños en las escuelas aprenden a decirlo sin respirar, sin hacer pausas, algo así como "lamaterianosecreanisedestruyesolosetransforma", como una sola palabra, y los maestros complacidísimos porque ahora sí, sus pupilos ya entendieron la ley de conservación de la materia, y lo mismo para la energía. Y años después nos damos cuenta que lo que eso quería decir es que la basura no desaparece del universo por el hecho de tirarla en un basurero con tapadera, o tirarla al patio del vecino, o meterla en un camión para que se la lleve lejos, lejos... hasta llegar al mar, o quemarla. Hasta harry Potter con Dumbledore y todos sus secuaces, tiene que respetar la ley de conservación de la materia (y si no me creen, léanse el libro más reciente, el de las reliquias de la muerte, donde Harry y Hermione por poco se mueren de hambre porque las varitas mágicas no pueden producir comida, ni dinero --leyes de la magia.)

Y así como estamos, cada día más acelerados para producir basura indestructible, la única esperanza que nos va quedando es la evolución, que aparezcan nuevas formas de vida como la bacteria de chakrabarty para que se coman todas las porquerías que nosotros tiramos, con el riesgo de que la bacteria se vuelva gourmet y le de por comerse también las reservas petroleras directamente en el pozo, o que algunos humanos se vuelvan inmunes a todo lo que mataría a cualquiera de nosotros y den origen a una nueva especie de humanos que coman plástico y defequen oxígeno, o ya de perdida la intervención divina o la venganza de la madre naturaleza que desencadenen una catástrofe del tipo del diluvio universal para limpiar el lugar y empezar de nuevo con gente que tenga mejores hábitos.

Mientras tanto, tómese su coca, mejor si es con unas cuantas onzas de ron para desinfectar la coca y que, de paso, le ayude a olvidar esos problemas para los que no encontramos respuesta...

5 comentarios:

patty dijo...

puchis, Gordo, leerlo parece tenerlo en la sala de la casa conversando un sabado o domingo cualquiera.

patty dijo...

me gusto el rollo de la bacteria y lo del nuevo ser humano que coma plastico y de...

Victor dijo...

vale la pena pensar en un compost, a base de plastico que se pueda utilizar de forma construciva, saludos. Negrete

Gustavo A. Ponce dijo...

Me hiciste sudar, Negrete, tuve que ir al diccionario de la Real Academia para encontrar esto:

compost.

1. m. Humus obtenido artificialmente por descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos.


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Gracias por el comentario, la idea es buena, ya estamos aprendiendo...

Marina Alicia dijo...

Vale la pena seguirle la "pista" a la bacteria, particularmente después de haber oido que el 90% de las unidades de recolección de basura se detendrán en la "ciudad" de Tegucigalpa por falta de diesel. ¿Qué vamos a hacer con nuestra "basura"?