viernes, 20 de marzo de 2009

Los Lectores

A la tía Irma, que me enseñó a amar los libros.
El año pasado, a principios de noviembre, me invitaron a dar una charla sobre la lectura, al inaugurarse la exposición permanente de una colección de esculturas llamada "los lectores", de Gustavo Armijo, en la biblioteca de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. El contenido de la charla fue posteriormente publicado en la edición dominical de La Tribuna. No había querido publicarla en el blog porque muchas de las cosas que digo allí ya están incluidas en algunas otras blogorduras. Pero algunos amigos insistieron y me convencieron, así que aquí les va.
Debo agradecer, para empezar, dos cosas: la invitación de los organizadores de este evento a compartir con ustedes mis divagaciones acerca de la lectura y los lectores, y mi vida y circunstancias, que me hicieron un lector desde temprana edad, bien nutrido del cuerpo, como pueden observar, y también del alma, aunque eso sea más difícil de ver.

Las monjas de la Asunción me enseñaron a leer con el ridículo libro Pepe y Polita antes de entrar a primaria. No he parado de leer desde entonces. En la casa de mis padres siempre hubo –y sigue habiendo-- muchos libros, desde la Biblia, las enciclopedias y colecciones de la época y los libros de texto que se fueron acumulando en el estudio de mi viejo, hasta algunos libritos entre eróticos y pornográficos que circularon de manera semiclandestina por los baños de la casa –somos 5 hermanos varones-- antes de ser confiscados por mi madre, pasando por novelitas de vaqueros, fotonovelas rosa, libros y manuales técnicos, atlas y diccionarios. Periódicos y revistas como Selecciones, National Geographic, Vanidades y Buenhogar, e historietas de Chanoc, Supermán, Capulina, Vidas ilustres, Kalimán, y otros, completaron la biblioteca privada en la que me inicié como lector, bajo el estímulo constante de mis padres y mis padrinos, uno de ellos librero y la otra bibliotecaria. Puede ser que en otros países, quizá Europa o Rusia, los niños tengan mejores bibliotecas para iniciarse, pero aquí yo tuve ventaja. Conozco gente que sobrevivió durante muchos años teniendo como único material de lectura el almanaque de Bristol...

Desde pequeño fui comelón, y mi madre se encargó de que no me faltara nada, a lo que yo respondí engordando para hacerla feliz en aquella época en la que gordura y salud eran sinónimos, y las madres presumían ante sus amigas a sus rollizos y mofletudos descendientes como prueba de su dedicación y esmero.

Así crecí, nutrido de cuerpo y alma,Y es necesario decirlo porque las dos cosas son necesarias: los humanos somos una mezcla de dios y bestia, santo y criminal, de San Francisco y lobo de Gubbia, de Sancho y Quijote: aspiramos a la perfección que intuimos a través de las artes, las ciencias, la religión y las humanidades, sin perder el gusto por los placeres mundanos de la comida, la bebida y el sexo.

Los griegos inventaron el centauro, ese monstruo mitad hombre y mitad caballo, no porque algún viejito cegatón haya confundido al caballo con el jinete, sino como el símbolo que mejor representa la naturaleza humana: el espíritu y el cuerpo en constante contradicción, el jinete anhelando la belleza y la perfección, y el caballo dispuesto a los placeres mundanos. Uno puede imaginarse al centauro llegando a una pradera al anochecer, con el cuerpo equino diciendo “qué buena grama, como para darse un atracón y luego retozar en ella, con alguna de esas yeguas hermosas que vimos por el camino” y a la mitad humana reclamando “¿no ves el cielo, pedazo de caballo?¿no ves las estrellas, la belleza, la armonía?” Juntos viven en conflicto, separados mueren los dos. Nosotros también, cuerpo y alma: juntos peleamos, separados nos morimos.

Y el espíritu humano, horrorizado ante la posibilidad de ser dominado por los instintos, inventó la cultura: la religión, las artes, las ciencias, el lenguaje, son las armas con las que el espíritu, que se sabe débil, trata de dominar a la carne, que es fuerte. La cultura es producto del miedo a que nos dominen los instintos; es nuestra y es lo que nos hace humanos. No son cultos los dioses, que no tienen instintos, ni las bestias, que no aspiran a la perfección. Sólo somos cultos los hombres, que hemos dejado de ser animales sin llegar a ser dioses, que tenemos un ancla que nos quiere atarnos al suelo, pero también velas que quieren seguir al viento. No somos como los árboles, confinados al lugar donde nacieron, ni como las nubes, condenadas a ser errantes: nosotros podemos levar las anclas y buscar mundos mejores para echar las anclas de nuevo.

Lo mejor que ha producido la cultura es la palabra, con la que mentes y espíritus se comunican y comparten el ideal común de de trascender, de ser algo más que carne, hueso y grasa. Mejor aún es la palabra escrita, que ha superado los límites del espacio y del tiempo para crear el diálogo humano universal que nos define como individuos y como colectividad. Sólo la lectura de la palabra, escrita en arena, piedra, papel o silicón, nos concede el privilegio de incorporarnos a este diálogo y sentirnos profundamente humanos. Leo, luego existo. Nos hemos acostumbrado tanto al acto leer que lo damos por sentado, se nos olvida que hace muy poco tiempo los lectores eran minoría, se nos olvida que leer ha sido un privilegio, pero esperamos que de ahora en adelante nadie, absolutamente nadie, se quede sin saber leer.

Los libros son la materialización de lo que podemos llamar humano. Desde pequeño aprendí que los libros son como las comidas: hay libros aperitivos para abrir el apetito por la lectura, libros como platos fuertes que nutren y sustentan el espíritu, libros acompañantes que no nutren pero llenan y sirven para matar el tiempo, libros postre que sientan bien al final, pero empalagan en exceso, libros muy especiales, para de vez en cuando, y libros que, como viandas extraordinarias, nos llegan una vez en la vida. También hay libros agradables al paladar pero imposibles de digerir, y libros chatarra, que sólo producen congestiones y flatulencias intelectuales.

No existe el libro perfecto porque, al fin y al cabo de factura humana, los libros sólo reflejan nuestro anhelo y nuestra necesidad de alcanzar la perfección, pero no reflejan la perfección misma. Creer que un libro basta condujo al Califa Omar a cometer uno de los crímenes más graves de la historia al ordenar la destrucción de la biblioteca de Alejandría. No menos nefasto fue Fray Diego de Landa al destruir los códices mayas cortando de tajo el cordón umbilical que nos unía con nuestra propia historia. Siguen creyendo algunos déspotas que destruyendo los libros se destruye el espíritu. No saben que son el espíritu y la inteligencia humana los que dan vida a los libros, y no al revés.

Y como el espíritu sigue vivo, los libros y las bibliotecas han sobrevivido y están más saludables que nunca. La biblioteca de Alejandría ha sido reconstruida. Este espacio en el que hoy nos encotramos invita a pensar, a leer, a ser mejor. Hasta las columnas y los muebles quieren leer. No nos extrañaría que uno de los lectores del maestro Armijo cobre vida, repitiendo el milagro del barro convertido en hombre, gracias a la lectura. Este es el espacio donde podemos entender el pasado e imaginar el futuro.

Es la lectura de libros la que impulsó a muchos de los grandes hombres a realizar las hazañas que luego fueron narradas en otros libros. Muchas de las cosas que hoy nos asombran existieron antes en la imaginación y en los libros, fueron primero sueño y pensamiento, después palabra escrita y después realidad. La lectura nos hace elevarnos por encima de lo cotidiano y común para vislumbrar lo posible. Por ello se le acusa de confundir a algunos, de hacerlos vivir fuera de la realidad, en delirio constante.

En el mundo de los libros y la lectura uno se ve a sí mismo, se reconoce en los personajes y en las situaciones, se topa con todas esas cosas que le dan alegrías y tristezas, júbilos, angustias y vergüenzas. A veces da hasta miedo descubrirse en los libros, por eso digo que la lectura no es para cobardes. Hay que atreverse a entrar en lo desconocido, a pensar en otros mundos, a buscar en las ideas de las grandes mentes un mundo mejor que el que tenemos ahora. Y hasta puede ser que los libros nos cambien tanto la vida que terminemos haciendo quijotadas como el célebre personaje de la inmortal novela de Cervantes, no muy diferentes de los delirios de los que los profesores de física tratamos de convencer a nuestros alumnos afirmando la existencia de cuerdas irrompibles, superficies sin fricción, caballos esféricos y jinetes sin masa.

En una ocasión me dijo un amigo que la lectura de libros me podría abrir dos puertas: la del infinito, o la del manicomio. Contesté lo que, a mi juicio, debe contestar un humano que se precie de serlo: el premio es tan grande, que vale la pena correrse el riesgo...

¡Muchas Gracias!

7 comentarios:

Leon dijo...

Excelente discurso y me revela ahora, décadas después de conocerte, que tenemos algo en común. Yo también crecí entre libros y revistas y los cómics fueron fuente de inspiración en mi niñez (ahora son de escapismo). Y mi madre también alardeaba con el sobrepeso del vástago. No sólo sos un glotón lector, sino también un magnífico escribiente, cualidad rara entre los científicos. Muy buen blog, felicitaciones. TVO en la Red.

Pirata Cojo dijo...

Gustavo, te mando entrecomillado este comentario casi textual de la respuesta a tu correo del 28 de octubre.

"Gracias por compartirlo. tal vez disiento en la parte donde mencionás lo de que hace poco la lectura era para las minorías, me parece que sigue siendo privilegio de muy pocos en nuestros pobres países, donde un futbolista gana en dos meses lo que un escritor con el flamante Premio Nacional de Literatura MAA, acabo de leer un artículo al respecto.

La otra gran paradoja es que quienes tienen acceso a toda clase de literatura simplemente no la leen, ya que la compu, el nintendo, el celular y la cámara digital son más importantes, no digamos las discos, bares, casas de putas y otros distractores, muchos de nosotros ténemos la culpa, creo que asignar un tiempo diario a la lectura debería ser obligatorio en nuestros hogares, sólo mientras enganchamos a los vástagos en el tema, como experiencia personal, mis dos hijas mayores leen muchísimo, el problema es con la menor, que a sus 13 años y ya en básicos, cuesta que lea, aunque va mejorando.

Muchas de las cosas que mencionás me son propias, desde los chistes de Chanoc hasta la literatura erótica, las revistas "La Semana", que mi viejo compraba y que yo leía clandestinamente, alguna vez fui sorprendido infraganti por mi progenitora, pero sólo las cambió de escondite, el cual fue descubierto pronto.

Por último y para no aburrirte, sugiero publiqués en el blog tu disertación, hace falta buena lectura en este tan novedoso pero muy contaminado con basura literaria medio.

Abrazo grande"

Gustavo A. Ponce dijo...

León: ¡Qué gusto tener noticias tuyas! En efecto, es mucho lo que tenemos en común. Seguramente identificarás sin parpadear frases como "no temáis: Smith está aquí..." y personajes como Furia, Lassie, Rintintín y el hombre del rifle. El impacto que los chistes (cómics) dejaron en nuestra generación debe ser apreciable; y seguramente ha sido estudiado por alguien. Yo recuerdo haber leído críticas sobre las relaciones filiales "en diagonal" que aparecen en las caricaturas de Walt Disney, donde el pato Donald no tiene padres ni hijos, sólo tío y sobrinos --como que la paternidad, que implica sexo a menos que participe el espíritu santo, es tabú. Cosa parecida con Popeye y con Mickey Mouse, con Chanoc, que tiene padrino pero no papá, etc. Bonita forma de hacernos el "cocowash".

Leí algunos de tus escritos en klavazas y los disfruté. Me dio mucha nostalgia leer sobre la primera computadora que usaste, no por la computadora misma, sino porque era de Lilian... tengo décadas de nos saber de ella...

Un abrazo y, como vos decís, TVO en la red...

Mi estimado pirata: Sí, tenemos que estimular la lectura y la escritura en nuestros vástagos. Yo tengo la fortuna de que en mi casa somos devoradores de libros, creo que eso nos hace mejores, aunque la amenaza de internet y del famoso cableTV siempre están presentes, no por ser internet o cable, sino porque la mayoria de cosas que ofrecen es basura... pero atractiva...

Y me alegra que compartamos estos valores y de alguna manera estemos juntos en el esfuerzo de escribir aunque sea de vez en cuando, para acordarnos que la palabra escrita (¡y leída!) es el mayor recurso para seguir siendo humanos.

Marina Alicia dijo...

Como siempre disfruté ésta lectura, no tuve la oportunidad de escucharla, pero la leerla casi puedo imaginarlo diciéndola, un abrazo fuerte con todo mi cariño ... no deje de escribir ;)

Victor dijo...

Gordo, tenes razon vale la pena el riesgo de ir al manicomio, si el conocimiento trae consigo esa "desgracia". Yo lo considero un privilegio que debemos de explotar pero que no todos lo cultivamos, por desgracia nuestra.
Gracias por compartir tus pensamientos porque al hablar solo haces que otros escuchemos.
saludos.
Negrete

Leon dijo...

Ah la graan! Qué colección de nostalgia: al respecto, recuerdo mucho a un capítulo de Furia, que está en YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=69kJLi72Iko, con fines didácticos, para demostrarle a los niños de entonces que los Ovnis no existen. El estudio al que te referís es, probablemente, Para Leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattlart (ahora obsoleto, los cómics gringos han cambiado mucho, sino mira Watchmen o seguí a los X-Men). Lilian vive en Atlanta, tiene tres hijos y está dedicada a algo relacionado con estudios de Kanjobales, si no estoy mal. Y sí, TVO en la Red (no te visualizo como abuelo, te sigo viendo como en la U...). Cuando venís a Guate, te quisiera entrevistar.

Edgar Clement dijo...

Excelente blog.
Te sigo.